Nací en una ciudad grande, llena de edificios, historia, cultura y sobre todo mucha gente; una ciudad donde es posible sentirse solo en medio de una gran multitud, pero también está llena de personas que quieren, aman y se preocupan por la gente que los rodea. Y como en esa ciudad existen tantas posibilidades para seguir un camino, al terminar un ciclo acostumbramos a escribir en una libreta algún deseo o un pensamiento para alguien que queremos y que tal vez no volvamos a ver. Así pasó al terminar la primaria, pero fue para mi más significativo cuando termine la secundaria, tal vez por la edad o por como lo viví no lo sé, pero lo recuerdo más, incluso aún guardo esa pequeña libreta de hojas rosas y perfumadas. Recuerdo que el principio de mis estudios en la escuela secundaria fue bastante difícil, me designaron jefe de grupo lo cual provoco que no tuviera muchos amigos, pero el tiempo paso y eso quedo atrás después del primer año.
Fue entonces donde conocí más a mis compañeros y ellos a mí, hice amigos y creí enamorarme varias veces, pero bueno eso no es de lo que quiero hablarles. En esa pequeña libreta, guardo los pensamientos que me dedicaron mis amigos, mis maestros y las personas involucradas conmigo en esa etapa de mi vida, dentro de mi libreta hay mensajes en clave, algunos chistes y demás, pero hay un pensamiento que es muy especial ya que se gravo en lo profundo de mi mente, no puedo decir que recuerdo exactamente lo que dice pero la esencia del mensaje es lo que recuerdo. Lo escribió mi maestra de historia, recuerdo que era alta, medio gordita con el cabello lacio, tal vez muy parecida a lo como soy ahora, solo que ella usaba falda y yo no, jiji. En su mensaje decía que me estimaba que era una gran persona, y que no debía llorar por no haber encontrado el amor, que al igual que yo cuando ella era joven fue muy enamoradiza, y se enamoraba de los muchachos que no la querían y la lastimaban, me dijo que fuera paciente que algún día encontraría el hombre que me amara y que yo lo amaría a él; así como ella lo hizo, que estaba contenta por que a su lado tenía un gran hombre y junto con su hijo formaban una gran familia. Ese pensamiento se me quedo grabado hasta estos días, hoy catorce años después por fin la comprendo. Para mí era difícil entender esas palabras cuando realmente pensaba que nunca encontraría a la persona que me amara como yo a ella. Recuerdo que mi mamá me decía que el que las personas no te amen como tu quieres que te amen no significa que lo hagan, y todo esto me hacía pensar que tal vez era cierto, tal vez aquella persona que yo amará no me amaría con esa pasión e intensidad con la que yo suelo entregarme, y de sobra está decir que la soledad es una mala consejera y que llegue a creer que debía de conformarme con que me amarán aunque no fuera tan intenso. Pero definitivamente no soy así no suelo conformarme con lo que no quiero.
Hoy, catorce años después mi búsqueda ha terminado, por fin entiendo lo que mi maestra quiso decirme, y también entiendo las sabias palabras de mi madre. El amor es como los calambres, en natación una vez le pregunté a mi instructor como se sentía un calambre, no supo describirlo pero me dijo “el día que lo sientas sabrás que es un calambre”, y vaya que tenía razón. No puedo describir como sé que estoy enamorada ni como sé que ese hombre que esta a mi lado es el hombre de mi vida, y aunque sé la razón exacta de porque lo amo es algo difícil de explicar, solo sé que lo amo y que no imagino mi vida sin él. Si me preguntaran el por que lo amo, diría que es por que la vida es caprichosa, y entre sus caprichos decidió poner en mi camino aquel hombre que fuera un inocente niño, un buen compañero, un excelente amigo y un gran hombre, para que yo pudiera ser feliz. Si hoy me topara con ella, mi maestra de historia, le diría gracias por su consejo, tardé en entenderlo, pero hoy puedo decirle que soy muy feliz.

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